Mis reyes y reinas del marketing, hoy vengo a salvaros de cometer auténticos crímenes visuales. Sí, sí… esos errores de diseño que hacen que un usuario cierre la web más rápido de lo que tarda en cargar un banner. Porque igual que hay cosas que enamoran al cerebro, también hay detalles que lo espantan sin piedad. Vamos a verlos para que no caigáis en la tentación.
El primer gran “no” es la saturación: demasiados colores, demasiadas formas, demasiados estímulos… demasiado todo. Cuando el diseño grita, el usuario simplemente huye. Otro clásico es la mala tipografía: textos diminutos, fuentes imposibles de leer o mezclas tan dispares que parecen escritas por distintas personas en universos paralelos. Y ojo con la falta de jerarquía: si todo destaca, nada destaca; y si nada destaca, el usuario no sabe dónde mirar.
Tampoco nos olvidemos de los espacios en blanco mal gestionados, ya sea por exceso (cuando la web parece un desierto) o por defecto (cuando todo está tan junto que agobia). Y, por favor, evitemos las imágenes pixeladas o estiradas “a ver si cuela”: no cuela, mis amores… nunca cuela.
Al final, todos estos errores tienen algo en común: rompen la experiencia del usuario y le transmiten caos, descuido o poca profesionalidad. Y ya sabéis: si el diseño falla, el mensaje también.
Y aquí viene lo mejor, mis reyes y reinas: muchos de estos “no” que hoy nos horrorizan… hace unos años estaban en todas partes. Y lo que ahora amamos, quizá dentro de nada nos parezca una pesadilla visual. Porque sí, el diseño también tiene sus modas, caprichosas y cambiantes como pocas. Pero de eso hablaremos en la próxima entrada… preparaos, que vienen curvas creativas. 🎨👀✨
